
Siempre he tenido un verso favorito, “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.” Romanos 8:28 ; pero ¿qué hay de bueno en lo que me está pasando?, pensé varias veces; hace tres años mi familia y yo comenzamos a enfrentar quizás la mas dura de las pruebas, examinando una fractura en el fémur derecho de mi mamá que de manera extraña sucedió, así le descubrieron cáncer de hueso, una enfermedad que poco a poco la invadió hasta postrarla en una cama, hoy tres años después aún está con nosotros como una guerrera incansable y su fe continua intacta. Es fácil adorar a Dios cuando todo marcha bien, pero ¿Qué sucede cuando llegan a nuestra vida los tiempos difíciles? Ese día malo que tantos evitan al leer la palabra, pero que está allí. Las pruebas para el verdadero cristiano son el termómetro que nos indica cuanta confianza tenemos en el Señor, son las pruebas en aquellos momentos que hacen publica mi fe, que hacen evidente mi dependencia de Dios, Siempre he creído que el propósito de Dios conmigo es bendecirme; sin embargo, una gran bendición acarrea una gran responsabilidad y una gran responsabilidad acarrea un gran carácter; por que si soñamos con grandes cosas entonces debemos prepararnos para afrontar grandes problemas, y es allí donde Dios me procesa y me abastece de ese carácter, “Dios necesita procesarnos”. Ese proceso de Dios es el instrumento que Él usa para perfeccionarnos. John Hagee en una de las palabras que compartió en nuestra ultima Convención Internacional y comentaba de su visita a un alfarero y de aquella incógnita que tenia “¿Cómo saber cuando una vasija está lista para sacar del fuego?” a lo que el alfarero respondió sacando la vasija del horno y con un instrumento de metal golpeo de manera suave la vasija, dejando oír un sonido agradable; le dijo el alfarero si la vasija canta así es por que está lista de lo contrario hay que colocarla una vez mas dentro del horno. ¿Estás listo para cantar? Hemos sido diseñados para adorar al Señor. La genuina adoración nace en el corazón quebrantado, adorar es simple y sencillamente confiar en Dios, adorar no es un sentimiento es derramar todo nuestro ser en su presencia. Ahora sé que Él tiene un plan, un plan perfecto el nunca llega tarde y se que aun cuando la noche se haga mas larga y oscura recordare que es por que pronto va a amanecer.


